Adelaide apenas se incorporó al ver a Lorenzo acercarse. Apoyó ambas manos sobre la barandilla de piedra y dirigió la mirada hacia las extensas vides, perdiéndose bajo la luz cálida del atardecer. El paisaje parecía transmitir una tranquilidad que contrastaba con todo aquello que había vivido durante los últimos meses. Lorenzo se colocó a su lado, manteniendo una distancia prudente, respetando ese espacio que Adelaide parecía necesitar.
—Es hermoso, ¿no crees? —rompió Lorenzo el silencio mientr