La noche se extendía sobre los viñedos Prieto, envolviendo la inmensa propiedad en una calma muy distinta a la que había reinado durante la reunión familiar. El bullicio y las conversaciones habían quedado atrás, reemplazados por un silencio sereno que parecía adueñarse de cada rincón. Las luces exteriores proyectaban un resplandor cálido sobre los senderos de piedra que rodeaban la casa de descanso, mientras la brisa nocturna mecía lentamente las ramas de los árboles. En el aire aún permanecía