La angelical voz de su madre se escuchó del otro lado de la línea, era una pena que ni ella se hubiera molestado hablarle a su propio hijo y decirle que todo lo que había hecho lo había hecho por una razón. No lo sabía, aunque fuera una tonta excusa que le pudiera dar pero ella nunca se dignó en preguntar si él siquiera ya sabía y que si estaba bien con eso.
—Es un milagro que marques, Willy —fueron las primeras palabras de Emilia.
El corazón de Willy se hizo pequeño al darse cuenta que quizá a