Mi abdomen dolía como el infierno, se sentía como si alguien me apretara o como si estuviese amarrada a una soga fue entonces cuando no pude mas y decidí levantarme de golpe y caí un golpe en mi espalda me hizo darme cuenta de que estaba dormida junto a Sebastian en el pequeño sillón en cuanto mi gemido por el dolor se hizo presente Sebastian despertó incorporándose con los ojos entreabiertos me miro con una ceja enarcada.
–¡Dios lucia estas bien?! – pregunto preocupado, ayudandome a levanta