Ante el angustiado susurro que lo llamaba, Damon dejó a su presa y se apresuró a regresar junto a su compañera, la cual, por fin dejó escapar todo el miedo que había estado sintiendo hasta ese momento.
–Por fin… Por fin estás aquí…–susurró Anna clavando sus ojos en los del lobo, el cual, no tardó en comenzar a lamerle el rostro –Dante… Tenía mucho miedo…–masculló la joven, permitiendo que el lobo lamiera todas las lágrimas que escapaban de su rostro
–Anna… –susurró Ella al verla –Voy a quitarte