Cuando la llamada finalizó, Anna se puso de pie y abrazó a su padre, quien no dudó en devolverle el abrazo al sentir que su pequeña hacia un enorme esfuerzo por no llorar.
Durante un largo rato, todos permanecieron en silencio, hasta que Zeth, se puso de pie y cerró la tablet antes de caminar en dirección a la mesa donde Anna y Alastor estaban.
–Gracias –masculló Alastor cuando el joven dejó la tablet frente a ellos
–Zeth…–lo llamó Anna
–¿Sí señorita Anna? –preguntó Zeth dando media vuelta, pue