Mientras todos se preparaban para partir a la búsqueda de Anna y Antonella, ambas chicas esperaban en completo silencio cualquier tipo de noticia.
En la pequeña cueva, no se escuchaba absolutamente nada, exceptuando, el ocasional goteo de las estalactitas que estaban sobre el lugar donde Ella, había lavado el paño que había utilizado para limpiar las heridas de Anna.
–¿Crees que le hayan creído? –preguntó Antonella, quien gruñó de dolor al cambiar de posición
–Sí, confío en Dante…–masculló An