Capítulo 8. Big boy.
Gavrel.

—¡Buenas sean las mañanas para todos! —su voz llega como un silbido a mis oídos. Fuerte e insoportable. —¡Para tí, para mí y para la humanidad entera!

Abre las cortinas, cegándome momentáneamente con la luz del sol que me golpea la vista. Ella sigue parada viendo el exterior. El pelo peinado, camisa atada a su derecha, mientras el short, ahora blanco, deja al descubierto sus piernas estilizadas las cuales tiene destellos.

El frasco que vi no era lubricante, sino crema corporal.

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