Capítulo 50. Mimos engañosos.
Gavrel.
—Duele.
—Lo sé —rozo mis labios en su hombro antes de volverlo hacer.
Su piel se calienta en mi agarre, y su cuerpo toma la decisión que ella reitera con sus palabras de resiliencia.
—¿Cuántas?
—Treinta —hipa causando que mi polla ya no soporte la presión. Abro la hebilla del cinturón.
—No te reprimas, salvaje —ordeno mientras me deshago de mi camisa—. Déjame escucharte.
Aprieta sus ojos, respirando con anormalidad antes de sollozar. «Que m@lditamente bien se escucha su jodido y del