Capítulo 48. Necesidad absurda.
Gavrel.
Miro la hora cuando regreso al vehículo. No me esfuerzo en ocultar las manchas en mi camisa, pese a que resaltan en mi reflejo cada vez que lo veo mientras me traslado hacia la dirección que es difícil conocer para muchos, aunque no para mí que consigo ubicar lo que me apetece.
Es una inmadurez de mi parte acercarme. Sin embargo, me vale tres tiras de estiércol.
No tardo mucho luego de bajar del auto, cuando me veo golpeando la puerta con mis nudillos.
—¡Mi pizza, al fin! —la mirada a