Había pasado poco más de un mes desde la última vez que Liam había visto y hablado con David, desde ese día en que había decidido alejarlo, pero sin importar qué, siempre se las arreglaba para colarse en sus pensamientos, igual que el sol se colaba a través de las rendijas de las persianas de los ventanales de su oficina cada mediodía, recordándole lo estúpido y débil que Liam era.
Ya todos habían salido a almorzar y él se quedó en su escritorio, pensando igual que lo había hecho cada día desde