David sentía que algo estaba mal. Habían pasado más de cuarenta minutos desde la hora en que Liam debía haber llegado al restaurante, y aunque su novio era conocido por su impuntualidad, nunca se había demorado tanto sin avisar. Intentó llamarlo varias veces, pero las llamadas no conectaban. El miedo comenzaba a apoderarse de él, a pesar de que trataba de mantener la calma frente a su familia y amigos.
Algo no está bien. Esa frase, repetida una y otra vez en su mente, comenzó a hacer eco en su