Liam guardó el teléfono en su bolsillo y se levantó decidido. Todavía tenía un asunto pendiente; alguien tenía que pagar por todo el dolor, el engaño y la decepción que estaba sintiendo en ese momento.
Entró nuevamente a la sala donde todos sus amigos esperaban. Mark se levantó del cómodo sofá y se acercó a él con una sonrisa.
—¿Te sientes mejor, bebé? —intentó abrazarlo.
—No me llames bebé y no me toques, maldición.
Todos en la habitación dejaron lo que estaban hablando y haciendo para poner a