Liam se separó suavemente de los brazos de Mark, incapaz de negar la verdad que se había revelado con tanta claridad. Quería gritar, decirle que ya lo sabía, que era un impostor, preguntar cuáles eran sus intenciones. Pero no era el momento ni el lugar. Necesitaba alejarse, tomar distancia y aclarar sus pensamientos.
—Lo siento, Mark. Necesito un momento a solas. —Su voz apenas era un susurro, pero Mark lo escuchó y asintió, aunque con evidente preocupación.
—Claro, bebé. Tómate tu tiempo. Esta