Graham…
La tenía justo debajo de mí. Su cuerpo delgado, su piel suave y su dulce aroma eran una jodida tentación. Bajé un poco y metí mi rostro en su cuello, mi nariz se deslizó por su piel, aspiré su aroma hasta que llegó a cada rincón de mis pulmones, aún así no era suficiente. Ella no hizo más que sujetarse a las sábanas, pero no me rechazó, ni me empujó o intentó alejarme. Podía besarla, desnudarla y penetrarla en este mismo instante y estoy seguro que se dejaría.
La marca nos une, es mía