—¿Y bien? ¿Preparamos tu funeral? —sugirió Saddam sentándose como si nada estuviera ocurriendo en algún lugar de la ciudad.
—Sí, por lo menos podríamos hacer que los sentimientos se vean bastante reales, y creo que tengo una idea para eso —esbozó una pequeña sonrisa.
—¿Cómo pueden estar tan tranquilos cuando Coraline está allá afuera en cualquier lugar? Ni siquiera sabemos a quién se fue a buscar —susurró Marcus confundido y preocupado por la única de los Ahmad que parecía agradarle.
—Mi mujer