—Coraline, Coraline, Coraline, Coraline, Coraline, Coraline —la llamaba Astoria sin detenerse.
Ahora era ella la que rogaba la atención de su amiga, la cual estaba observando al cesto de basura con un semblante de duda. Había algo que no acababa de convencerla respecto a lo relacionado con Astoria y Erika.
No conocía a la implicada, pero la mera idea de que hubiera contratado a una persona para que la atacara en el interior de su casa, le hacía pensar en que Erika podría intentar algo más contr