Alister y Samira llegaron a la ciudad y, al no estar en su coche, tuvieron que tomar un taxi. Alister había abandonado su forma de lobo, sabiendo que continuar en esa forma por la carretera sería demasiado peligroso. Una vez en su forma humana, ambos subieron al taxi y se dirigieron hacia su destino.
Samira, visiblemente molesta, mantenía la mirada fija en la ventana. Alister, por su parte, intentó romper la tensión.
—Escucha —dijo con voz calmada—. En lugar de seguir tan enfadada, solo disfru