Después de ese desacuerdo, era muy difícil que Samira y Alister compartieran el mismo espacio. La humana optó por la soledad y evitaba bajar a desayunar, sabiendo que Evangeline estaría presente. Evidentemente no quería convivir con alguien que sabía intentó matarla.
Alister, aunque le dolía, no quería obligar a Samira a hacer algo que la incomodara. Entendía la situación y le daba su espacio.
Una mañana, Samira salió de su habitación y observó que todos en la casa estaban moviéndose de aquí p