El Alfa y el sacerdote se quedaron solos en el estudio. Alister lo escrutó por un instante antes de romper el silencio.
—Te agradezco mucho por haber venido —manifestó con seriedad.
El sacerdote dio un asentimiento y respondió con la serenidad alojada en su voz.
—Siempre estoy a disposición del Clan. Si me has mandado llamar, es porque hay una situación delicada en la que debo involucrarme, ¿cierto?
—Así es —confirmó Alister—. La situación es grave, y quiero contarte todo en detalle.
Con eso, e