Cuando Helene despertó, la luz cálida del sol entraba por la ventana e inundaba la habitación con luz resplandeciente.
Se levantó cansada, como si hubiese peleado toda la noche, y asumió que así había sido, así que se dio otro baño de agua fría y cuando bajó, se encontró con Itsac que limpiaba la casa con un recogedor y en una camisa sin mangas.
— ¡Te ves mucho mejor! — era cierto, con las mejillas nuevamente rosadas y las ojeras menos notorias — ¿Ves? El cuarzo funcionó — Itsac dejó el rec