La casa estaba en silencio cuando el coche se detuvo frente a la entrada. La noche ya había caído por completo, y las luces del interior le daban al lugar un aire más cálido… pero no menos distante. Damián salió primero, rodeó el coche sin decir nada y Meivi bajó segundos después, con ese cansancio que no era solo físico, sino mental, acumulado desde hacía días.
Entraron juntos, pero no realmente juntos.
Cada uno tomó su camino casi por inercia, como si ya estuviera establecido sin necesidad d