10. Verdades contadas entre risas
Damián bajó las escaleras todavía con la sonrisa enganchada en la cara. Era estúpido, lo sabía, pero no podía evitarlo. Meivi enojada era un espectáculo. A veces quería arrancarle la cabeza… y otras, como ahora, solo quería volver a besarla para ver cómo se le quebraba el orgullo.
Se dejó caer en el sillón de la sala, apoyando un brazo en el respaldo mientras se mordía el labio, recordando el momento exacto en que ella abrió los ojos después del beso. Ese gesto de sorpresa, de rabia, de negaci