Capítulo LIII
Maximiliano
Después de tantos problemas, por fin llego a casa.
El peso del desfalco millonario de la empresa me aplasta los hombros; cada paso me sabe a derrota. Me siento agotado, estresado, sin saber qué hacer ni por dónde empezar a arreglar el desastre.
Voy directo a mi habitación, solo quiero encerrarme y no pensar. Pero al subir las escaleras, escucho voces.
Vienen de la recámara de mi madre.
Me detengo en seco.
Frunzo el ceño.
Es la voz de mi madre, pero hay otra… una voz gr