Capítulo LXXX
Máximo
Al voltear, veo a Clarissa acercándose a mí. Me abraza, pero yo no reacciono. No le respondo el gesto. Solo me quedo ahí, quieto, sin sentir nada.
—Hola, Max…
Clarissa se separa con una pequeña sonrisa.
—¿Qué haces aquí? ¿Viniste a ver el árbol?
Me mira con atención. Yo apenas la miro.
—Oye… ¿qué te pasa? —pregunta con el ceño fruncido—. Andas bien raro.
—No me pasa nada —respondo, serio—. ¿Tú cómo estás?
—Eh… bien —dice Clarissa, frunciendo ligeramente el ceño, aunque inte