Desperté al día siguiente, con el ánimo por las nubes. Estaba ansiosa por ir a ver a Apolo y decirle que sabía sobre su dinero repartido por el mundo. Me levanté, me vestí y desayuné con una sonrisa en el rostro. Antes de salir de casa, le di un beso en la frente a Milly y a Henry mientras seguían sentados en la isla de la cocina. Ellos no sabían lo que yo iba a hacer ese día y tampoco les quise contar. De seguro me iban a regañar.
—Queridos padres, les deseo un excelente día— les dije sonrient