Los abogados sabían en qué piso trabajaba Apolo, por lo que subimos directamente al lugar. En la recepción, pedimos hablar con él. La chica que nos atendió fue muy amable, llamó por teléfono a alguien y preguntó quién lo buscaba. “Ivanna Brown, él sabe quién soy” le contesté a la chica. A los minutos después, nos hicieron pasar a una sala de reuniones. Estuvimos esperando eternos cinco minutos. El idiota se había atrevido a hacernos esperar. Eso no se lo iba a dejar pasar por alto. Al rato, se