Caminé hacia donde me indicó Mercedes y llegué al escritorio de la tal Susan. Mientras me iba acercando, la tal Susan se levantó de su asiento para ir a buscar unos papeles a un mueble que había cerca de su escritorio. Era alta, misma altura que yo, según pude ver, rubia, delgada y con un maquillaje excesivo, pero que la hacía ver guapa. Se veía mucho más joven que yo. No lo podía negar, la chica era estupenda, pero su mirada y su presencia, me dieron muy mala espina en aquel momento. Estaba se