Entramos a la empresa y las personas me recibieron con amabilidad. Traté de caminar lo más erguida posible, sin demostrar que, aún no me sentía en mi cien por ciento. Saludé a todos con un “buenos días” y aparenté lo mejor que pude. Era obvio que las personas no habían creído eso de las vacaciones largas. Yo era viuda ahora y eso no tenía mayor explicación. Sabía que en esos meses yo había cambiado mucho. Mi aspecto estaba distinto, eso lo tenía claro. Estaba mucho más delgada, ojerosa y pálida