Mundo ficciónIniciar sesiónMi hija y yo ya estabamos en el vestíbulo preparadas para marcharnos hacia la entrada de la casa donde nos estaba esperando el chofer con la puerta de la limusina abierta, ya que mi madre no dejo que fueramos en mi propio coche porque me decía que se sentía más tranquila si Jose el chofer nos llevaba en la limusina.
Pocos minutos después de arrancar el chofer, Jose aparco el vehículo en el garaje del edificio donde estaba la empresa de mi padre ya que donde vivíamos hasta la empresa eran solamente unos cuarenta minutos. Jose bajó del vehículo y nos abrió la puerta bajando primero mi hija y después yo cogiéndonos las dos de la mano para acercarnos a los ascensores subiendo a la planta veinte que era donde mi padre tenía su despacho.
Una vez que salimos del ascensor, mi hija se soltó de mi mano y fue corriendo por el largo pasillo para saludar a Marta, la asistente de mi padre ya que desde bien pequeña mi hija, ella le daba caramelos o piruletas con todo su cariño.
— Marta, la tienes mal acostumbrada — le dije sonriendo.
—- No es nada Janine, además tu hija se merece todo ya que es muy agradecida y muy simpática con todo el mundo que se acerca a ella — me dijo la mujer, sintiéndome muy orgullosa de mi pequeña.
—- ¿Sabes si mi padre está ocupado? me ha llamado para que viniera hoy —- pregunté.
—- Si, está con un señor un tal Mario O'Brien, creo que se llama, pero pasar tu padre os está esperando. — me comentó Marta
Me acerque a la puerta del despacho y toque con los nudillos abriendo sin esperar a que me dieran permiso, viendo como mi hija empezó a correr hacia el sillón donde estaba sentado su abuelo que la tomó en sus brazos con una gran sonrisa.
— Hola papá, déjala en el suelo, no tienes la espalda bien y lo sabes — le dije.
Me di cuenta de que el hombre que estaba sentado enfrente de mi padre se levantó del sillón, pero cuando se dio la vuelta y cruzamos nuestras miradas, todo mi mundo se vino abajo aunque trate de disimularlo muy bien. Me fije en sus rasgos, sus labios eran ahora asimetricos y marcados que daban una expresion muy sensual, los pomulos estaban perfectamente definidos, sus ojos de color azul los tenia rasgados con una atractiva forma de almendrado, dando la sensacion de indomable y seguro de si mismo. Lo que no podía esperar, es que siete años después y de forma inesperada tendría enfrente de mí al padre de mi hija, aunque él aún no lo sabía, aunque había cambiado ya que ahora estaba más guapo y más irresistible.
—- Mario, te presento a mi hija Janine y este bicho inquieto es mi nieta Desy —- dijo mi padre, sin que yo pudiera apartar mis sentidos de aquel hombre.
— Encantado Janine, aunque hace años yo tuve una novia que se llamaba igual que tu, espero que trabajemos juntos y estés bien a mi lado — me dijo ofreciendome su mano.
Pero yo estaba paralizada, se parecía mucho a mi ex aunque había cambiado tanto que ya no estaba segura de nada, solo el tiempo lo dirá poniéndonos a los dos en nuestro sitio.
— Janine hija parece que hayas visto a un fantasma, ofrécele tu mano a Mario no seas mal educada — me dijo mi padre, sacándome de mis pensamientos.
—- Ah sí perdona, es que me ha venido a la mente, bueno tonterías, encantada de trabajar contigo y de conocerte — le dije saludandonos con la mano
—- ¿Y yo que mami?¿a mi no me presentas abuelo? —- dijo mi hija haciendo que todos nos riéramos.
— Claro que si mi princesa, Mario te presento a la jefa de la casa, mi nieta Desy pero no te la comas de vista, es una polvorilla muy simpática — comentó mi padre.
—- ¿Desy?, ese era el nombre de mi abuela, la hubiera querido mucho si la hubiera podido conocer, mi abuela era una gran mujer, pero hace cuatro años que murió — dijo Mario con algo de sentimiento.
—- Bueno ahora que os conocéis, ¿qué os parece que empecéis a trabajar juntos? En la sala de juntas hay unos documentos que me gustaría que revisarais los dos, ya que he tenido algunas pérdidas y mi contable no ha podido saber dónde está ese dinero ni quién ha podido hacerlo —- dijo mi padre.
—- Abuelo ¿me llevas a algún sitio donde pueda tomarme un helado? tengo sed — comentó mi hija.
—- Tu abuelo te lleva a donde quieras princesa, vámonos, — le dijo su abuelo levantandose de su sillón teniendo a mi hija cogida de su mano.
— Si hay algún problema, Mario y yo lo intentaremos arreglar cuando vuelva, te quiero mi amor — me dijo mi padre cuando me dio un beso en la mejilla.
—- ¿Vamos a la sala de juntas? estaremos más cómodos, mi oficina es más bien pequeña — me dijo Mario.
— Si claro vamos — comente mientras me levantaba del sillón.
Mario y yo nos marchamos del despacho de mi padre hacia la sala de juntas, abriendo la puerta él para dejarme entrar primero como todo un caballero. Pero al entrar cerró de golpe la puerta acercándose a mi muy sigilosamente, acariciando mi brazo con sus dedos igual que hizo en mi mejilla con cierta sensualidad.
— Se que me recuerdas pero no lo quieres reconocer, ¿te casaste? ¿de quién es tu hija? y no me digas que no lo sabes — me dijo.
—- No se quien eres,-dije disimulando– pero si vas a ser CEO de la empresa de mi padre, más vale que no haya ningún roce entre nosotros — le respondí apartando mi cuerpo unos metros de su cuerpo.
—- Vamos Janine, se que me conoces muy bien como yo te conozco, fui el primer hombre en tu vida y el que te quito la ___________ le di un bofetón doblando su cara.
—- No sigas por ahí Mario, solo estoy aquí para ayudar a mi padre, no para que un imbecil como tu intenta conquistarme con palabras bonitas — le dije muy enfadada.
—- De acuerdo empecemos a revisar esos documentos, solo deseaba disculparme por el daño que te hice y saber si Desy es mi hija, perdóname —- me dijo sin apartar nuestras miradas.
Nos sentamos uno enfrente del otro revisando cada hoja y cada folio de aquellos documentos hasta que mis estomago empezó a hacer ruido, fijándome en cómo sonreía Mario mirandome.
— Creo que podríamos ir a almorzar, no quiero que te desmayes por inanición ¿qué te parece la idea?
¿nos vamos? —- pregunto







