Al día siguiente me desperté escuchando a uno de los bebés llorar, despertando también a Mario, me levanté de la cama, me quite con dolor las pinzas que llevaba en mis pezones para ir al dormitorio de los pequeños.
—- ¿Ya se han despertado los bebés? —- preguntó Mario.
—- Si, voy a darles el pecho, ¿me podrias quitar las esposas que llevo en mis tobillos por favor? —- pregunté, dándome un par de azotes el en mis nalgas
—- No, vamos te acompaño —- me dijo cuando se levantó, cogió la cadena de mi