Capítulo 42. Cobarde
Julián sentía cada segundo como una cuchillada, con cada minuto que pasaba y se acercaba la hora de dejar ir a Natalia, su corazón era apuñalado por dagas filosas.
—Voy a estar bien —le dijo ella, acariciando su mentón con los dedos.
—Tengo que admitir que me siento muy orgulloso de ti, Natalia, pero también tengo que admitir que tengo miedo de que las cosas no salgan como esperamos. No quiero perderte, no podría seguir viviendo sin ti.
Natalia dibujó los labios de Julián con la yema de sus ded