El llanto llenó una de las habitaciones de la Escondida, Diana Arteaga había llegado al mundo y demandando la atención de su madre. Alicia estaba pálida, cansada y sentía que le dolía hasta el último cabello de su cabeza, pero sonreía feliz de tener a su bebé entre sus brazos.
La pequeña era una mini copia suya, por lo menos es lo que le pareció cuando fue puesta entre sus brazos por el doctor que la atendió.
Paloma tenía los ojos llenos de lágrimas, mitad de alegría y mitad de terror, pero su