Respiraba de forma brusca, al igual que él, y cuando acercaba su boca a mis pechos un ruido desde la planta baja arruinó por completo la candente escena.
–¿Emmet? ¡Emmet! – él y yo nos miramos perplejos, saliendo del trance en el que nos habíamos inducido. Sus labios estaban hinchados, supuse que los míos tendrían un aspecto similar.
–Sí, Cris, ahí voy– gritó y no pude evitar sonreír con algo de vergüenza. Había estado apunto de empezar algo que habría sido difícil de terminar, ahí, en esa ofi