–LÍA–
Me relajé un poco en la habitación de Emmet, no me había dado cuenta de cuán delicioso era el olor de su perfume hasta que entré ahí y siendo honesta siempre tuve el deseo de preguntarle por el nombre de esa esencia. En su mesa de noche habían dos libros, giré un poco la cabeza buscando los títulos de ambos. Sonreí entre dientes, uno era un libro de apoyo personal, de crecimiento espiritual y algo lo bastante profundo, mientras que el otro libro se titulaba “La guía del autoestopista galá