–Da igual, Lía. Quiero que salgas de aquí y te unas -ordenó mientras se quejaba– Ni siquiera tenemos una foto porque estás aquí como un ratón de biblioteca.
–Tengo veintiuno, mamá, no cinco -le recordé con algo de burla– No puedes obligarme a nada, y si no tienen fotos grupales es porque no les da la gana, no necesitan mi presencia ahí. En cambio, estás personas– alcé el archivo que estaba sobre el escritorio– Sí que necesitan de mi presencia enfrente de un jurado que decidirá si merecen o no u