DIEGO
Sigo sin saber por qué estamos aquí todavía. Las amigas de Maggie están perdidas a saber dónde, ni me interesa, el porro ha dado ya veinte vueltas a la mesa y no puedo deja de vigilar por encima del hombro como Maggie se ríe con una desconocida.
—Me cae bien —me dice Tina, la miro de reojo—. No hablé mucho con ella aquel día en el bar, me encerré con Travis en el baño.
—Es buena chica.
—Dan dijo que no es muy habladora.
—Es que el puto de Dan no tiene nada que hablar con mi chica.
Se ríe