DIEGO
El primer rayo de sol de la mañana se filtra a través de las cortinas, iluminando el rostro de Maggie, que duerme profundamente a mi lado. Me quedo mirándola. Tiene los labios entreabiertos y rodea con los brazos uno de los míos como si estuviera abrazando una almohada mullida. Sonrío, incapaz de evitarlo. Debería levantarme, porque si abre los ojos y descubre que llevo aquí mirándola más tiempo del que he pasado dormido, no me lo dejará pasar.
Con cuidado, deslizo mi brazo de entre los s