Céline entró al salón principal de la sede del Grupo Valtieri con paso firme y vestido sobrio. Aún no usaba tacones altos ni joyas imponentes. No necesitaba recordarle a nadie quién era. Su sola presencia bastaba. Clarisse, su madre, la recibió con un leve asentimiento desde el extremo de la mesa, y Delmont le ofreció la silla habitual. Ella agradeció, pero prefirió ocupar un asiento lateral. Matthias Corven ya estaba presente. Como representante de Dermatec, la firma que primero respaldó el pl