Habían pasado algunos días desde que Alina y él alcanzaron su nuevo "acuerdo". Kilian había decidido dejar de pelear por dentro. Se adaptaba. Asentía. Respiraba. Sobrevivía. Se comportaba como el hombre funcional que Alina necesitaba, pero en las noches, cuando no podía dormir, el sabor metálico del vacío le llenaba la boca.
Esa mañana, Alina se apareció con una llave en la mano y una sonrisa suave, como si le ofreciera un regalo de cumpleaños.
—Pensé que te haría bien tener algo que te mante