El mar estaba quieto esa mañana, como si también contuviera la respiración. Kilian se había levantado antes del amanecer y caminaba descalzo por la playa, los pantalones remangados y la camisa abierta, sintiendo la frialdad de la arena bajo los pies. Había pasado una semana fuera de Kalliste. Una semana lejos de Alina, lejos de las rutinas impuestas, lejos incluso de la versión de sí mismo que fingía aceptar.
Había pensado en irse para siempre. Cambiar de nombre una vez más. Perderse en otro p