Cerraron la puerta de la habitación de los niños con el mayor sigilo. Elian ya respiraba con profundidad, abrazado a su peluche, y Yvania dormía con una sonrisa aún dibujada, soñando tal vez con dragones de nieve y chocolate caliente. Kilian apagó la lámpara de noche, y Céline se quedó un instante observando el cuadro.
—Se ven tan en paz… —murmuró.
—Lo están —respondió él en voz baja—. Gracias a ti.
Ella lo tomó de la mano con una ternura que parecía traspasarlo. Lo condujo al salón, donde l