La casa estaba extrañamente tranquila.
Céline se despertó sola. Se desperezó con una sonrisa ligera, aún envuelta en el calor que Kilian había dejado en las sábanas. Palpó su lado de la cama con los ojos cerrados, esperando encontrar su espalda, su brazo, su aliento. Nada.
Abrió los ojos.
La nota seguía ahí, en la mesita de noche: “Fui a navegar. Nos vemos en la oficina. Te amo ❤.”
Suspiró, entre tierna y resignada. Kilian solía hacerlo, sobre todo cuando necesitaba despejar la cabeza. Pero est