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El aroma del pan tostado, el café recién hecho y el jugo de naranja recién exprimido llenaba la cocina como cada mañana, como si nada hubiera cambiado. Pero Céline sabía que sí. Lo sabía desde que preparaba la mesa sin pensar. Desde que servía tres platos y dejaba la cuarta taza sin sacar. Desde que su cuerpo seguía la rutina sin esperar ya compañía.
Yvania hablaba sola, entretenida con su diadema torcida y los calcetines desparejados que había insistido en ponerse. Céline no discutió. Había