La cita con la abogada fue breve. Demasiado, quizás.
Céline llegó con una carpeta cerrada bajo el brazo y las emociones firmemente sujetas bajo la blusa impecable. Vestía como quien no tiene dudas. Caminaba como quien no va a temblar. Pero por dentro, cada paso era un eco: ¿realmente estoy lista?
La abogada la recibió con cordialidad sobria. Había discreción en el despacho, un aroma tenue a eucalipto, y la promesa de decisiones importantes flotando en el aire.
—Solo necesito comprender bi