La casa de los Drake seguía igual. Blanca. Impecable. Silenciosa. El tipo de silencio que no acoge, sino que observa. Kilian no fue por nostalgia. Ni siquiera sabía por qué había conducido hasta allá. Solo… necesitaba estar con su madre.
Cuando tocó el timbre, fue ella quien abrió. Llevaba un delantal beige y el cabello recogido con horquillas, como siempre. Olía a té de jazmín y galletas de almendra. Su expresión pasó de la sorpresa al instinto en un solo segundo.
—¿Te pasó algo?
Él negó co