El motor del coche zumbaba con suavidad mientras el paisaje de Belvaronne se diluía en el retrovisor. El cielo estaba despejado, pero dentro de Kilian, el clima era otra cosa: confusión, vacío, y algo más denso, más sucio… culpa.
Alina estaba a su lado, impecable, con gafas oscuras y un vestido crema que dejaba entrever apenas su clavícula. No hablaba. No hacía falta. Había perfeccionado el arte de decir más con el silencio que con las palabras. Cada tanto, giraba el rostro hacia él, y su sonri