Despertó sola.
Por un segundo, el instinto le hizo buscar con la mano a su lado. Pero la cama estaba fría.
Kilian no había vuelto a la habitación.
Se quedó quieta. Miró el techo un momento y luego se giró sobre sí misma, quedando frente al lado vacío del colchón. Apoyó los dedos en la almohada que aún guardaba el aroma de él.
Ese aroma.
A pesar de todo, su cuerpo lo recordaba. Lo deseaba. Maldita biología.
Se deslizó bajo las sábanas, más por necesidad de sí misma que por él. Cerró lo