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Esa mañana, mientras el chofer conducía por las calles heladas de Belvaronne, Céline apoyó la cabeza contra el cristal. Afuera, la ciudad comenzaba su jornada con la prisa habitual; adentro, ella respiraba con calma fingida, aunque el corazón todavía latía más rápido de lo habitual.
Pensaba en Kilian.
Había notado su mirada. La forma en que la observó mientras se vestía. Cómo sus pupilas se dilataron al verla deslizarse las medias, cómo tragó saliva cuando se inclinó para abrocharse lo