El alta médica llegó al día siguiente, junto con un pronóstico claro: descanso, hidratación y nada de trabajo por al menos una semana. Céline, como era de esperarse, no protestó. No tenía fuerzas para hacerlo, y por primera vez, entendía que su cuerpo le estaba gritando lo que su mente ignoraba.
De vuelta en casa, la calma se sentía extraña. Matthias se aseguró de que todo estuviera en orden, desde la temperatura del cuarto hasta la ubicación exacta de cada frasco de medicina. Céline permanecí